Todas las personas cuentan con el derecho a recibir y buscar información de diferente tipo y en diferentes medios, de acuerdo a las preferencias que se tengan. Los medios de comunicación son los encargados de darle el tratamiento “adecuado” a los diversos contenidos y a su divulgación, de ellos depende muchos factores que pueden llegar a alterar e incluso cambiar las percepciones de quienes reciben la información suministrada por éstos.
Los medios de comunicación juegan un papel muy importante para crear ciudadanía y formas de pensar en una sociedad, éstos son los que realmente mueven los temas en las diferentes localidades y contextos de interacción; en muchas ocasiones, sino es en todas, sitúan los temas a tratar en una sociedad debido a la elección que hacen sobre los contenidos de sus agendas informativas.
Los medios “ayudan” a definir cuáles son los temas que realmente importan, cuáles son los relevantes en determinados momentos. Éstos entablan contenidos y en la mayoría de los casos son los que le brindan a la ciudadanía los argumentos a tener en cuenta, ayudándoles a convertirse en parte de la opinión pública.
Los medios de comunicación en todas las circunstancias y en especial en contextos locales, son los grandes legitimadores de problemas sociales como la homofobia, la exclusión, el racismo, la violencia, el manejo de la política, entre otros; en muchos casos la manipulación que se hace de la información, en estos medios de los diferentes temas de la realidad social, hace que éstos los avalen y que se empiece a creer que el enfoque que se les da es el correcto.
En este sentido se empieza a analizar sobre la imparcialidad y objetividad con que están tratando la información, si se sabe que los medios locales son financiados por las Administraciones municipales y por factores que pueden influir a que el tratamiento de la información se vea alterado; por este motivo no se puede hablar de que los medios hacen un tratamiento objetivo de la información que suministran, porque ya de entrada se encuentran -en cierto grado- permeados por intereses, que posiblemente los haga inclinarse a tomar determinada posición.
Ahora bien, si se habla de la objetividad, ésta no existe, y aunque hay tratados éticos y “claves” de cómo alcanzarla, no se quedan más que en simplemente formulas debido a que desde el momento en que se decide de que tema tratar, que mostrar o como organizar la información, ya se está trabajando sobre ella y de cierta manera se está manipulando.
Al saber que no existe la tan anhelada objetividad empiezan a salir conceptos como el de responsabilidad que es, en últimas, lo más parecido a lo que busca el periodismo a través de su información. La responsabilidad social de decir las cosas lo más parecidas a la realidad y que lo que se diga pueda ser de utilidad para ciertas personas y espacios.
En conclusión, como menciona el periodista especialista en ética Javier Darío Restrepo, Los hechos de la historia diaria, que son la materia prima de la información periodística, son tan cambiantes como las aguas de un río. Pretender la objetividad es tanto como creer que es posible capturar y congelar el instante que huye.
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